sábado, 10 de mayo de 2008

No me preguntes, ni sé qué hice









En lo íntimo de lo estético guarece la esencia primitiva de cualquier oda a la libertad, el próximo canto a la esperanza, o de tu maldita postura en este, nuestro y lejano atardecer. Es triste que en estos tiempos, además de deshumano, clamar al olvido con esa vana acritud que demasiados pretenden justificar. La risa se tornó en un llanto oscuro, hasta a veces casi perverso. La alegría ya no campa a sus anchas en los vastos prados de la sabiduría indefinida, sin acotaciones pero necesaria. Aquella llama de rebeldía que perseguía otros mundos mejores en ese París coloreado de adoquines, todavía hoy recuerda la esperanza crucial que, a trancas y/o barrancas nos ayudará a redefinir nuestros pasos. Por mucho que ciertos dimensionistas perdidos en el presente prediquen de la dudosa transcendencia, de la coloridad de aquellos días, tu y yo, seguiremos firmes porque, aunque no lo creas a ciencia cierta, sentimos la senda cada vez más profunda, musicalizada por las buenas ideas, por tantas historias que reposan en nuestra mesilla. Versos olvidados y enigmáticos acordes que dibujan estos mil atardeceres cargados de letras desordenadas, de causales, de amores impávidos al olvido, donde Platón usa la pluma de Bukowky, y tú no te atreves a reducir este poliedro inacabado. Hoy, donde explorar tu esfera oculta se presenta como el viaje más virginal, estaremos en guardia como Gelman, o eternizando el enésimo deseo. Sin más pero, por supuesto, si nada menos, tan cerca pero una pizca lejos. Rebeldía frente a la hipocresía.

martes, 29 de abril de 2008

Para ti, "a tientas", señor González

















Tiempo febril, repleto de exámenes. O primaveral, como la ginebra con la que pronto brindaremos. Tiempo, donde ahora él habita con nostálgicos cantos elegíacos. Desde donde siempre mira, con su mirada iluminada, el mundo y su alborozo: la vida que no cesa de extinguirse. Con Ángel González más de uno hemos compartido más de mil atardeceres, soñado con mundos mejores, y otras muchas veces robado algún que otro verso con el propósito de enamorar a la penúltima dama. Y todavía lo seguiremos haciendo, porque no muerto el escribidor, nace el mito.
Aunque sinceramente, te conocimos gracias a un profesor de lengua y literatura de esta maldita ciudad. Le hacías levitar, y eso quieras o no, precisaba, por aquel entonces, investigación. Hasta que por fin destapamos “Áspero Mundo”, primera joya con la que empezamos a jugar. Y en estas horas, cuando la madrugada te embriagada y los cafés afloran, sientes de otra manera la inmensidad de cualquiera de sus poemas, el compromiso, la jerarquía de valores para una sociedad de Paz. Franqueza y tibieza, pasión y devoción. Un notable baluarte de la generación de los “poetas sociales” que junto con Gil de Biedma, Goytisolo, o Caballero Bonald, renovaron la maltrecha poesía española de posguerra, rescatando la crítica a pie de calle en la oscura y larga noche del Franquismo.

La brisa destapará a felices matrimonios, las hormigas harán de las suyas en tu cocina, o quizá tu hermano ande hincándole el diente al fruto prohibido, aquel con el que tanto juegas bajo tus sábanas mojadas. Pero la poesía seguirá así, ahí: sencilla, en guardia, o como dijo Gelman “de pie contra la muerte”. Como arma valiosa a la que aferrar tu enésima derrota, o el plato de partida del siguiente vuelo. Lejos, o cerca, o donde te apetezca pero da por hecho que estarás dentro de cualquier amasijo enimágtico de letras, “la vida es sueño”.

Desde la mísera oscuridad de esta habitación perdida de Madrid, un abrazo clama al cosmo, una risa a la mar, y nuestras canciones, ¿quién saben a dónde irán?
(para "La Otra Cieza, número II", revista mensual de la Asociación Cultural La Empedrá)

domingo, 20 de abril de 2008

Solamente tu.













Siento el frió en esta alma vulnerable
tanto como las hojas de los parques y este otoño,
tanto como tus manos quemando mis mejillas
y abriendo aquellas nubes con sinfonía de silencios,
por qué hieren los días
y el despertar respirando, duele tanto,
como hieren el alma, fantasmas disfrazados
con mascaras de fiesta y bohemia...

Siento el sentir, el sentimiento vendido
el de liquidaciones y ofertas,
y hieren también las madrugadas oscuras
de paraderos repletos de almas perdidas,
buscando en algunos ojos ajenos
el motivo suficiente para volver a sonreír.

Y pasan por debajo de las goteras
asesinos de minutos, ladrones de universos,
y he recordado entre las heridas que deja la lluvia,
los recuerdos de ruinas y dolores,
de vacíos y luces quebradas
que no dejan ver mas allá de la neblina
he recordado que existían en otra vida
los sentimientos de amores olvidados.

jueves, 17 de abril de 2008

Es muy raro

Es raro en estos tiempos ver a un joven sentado en una bar tomando un café, leyendo un libro o simplemente pensando con la mirada perdida. También es inusual caminar sin rumbo fijo sobre alguna calle desolada y mucho menos plasmar sobre una hoja nuestros sentimientos hacia alguien.
La música se ha convertido en un acompañante ideal de nuestras actividades y no existe el placer de contemplar la melodía como tal.
De la televisión no hay mucho más que agregar excepto que se ha tornado una costumbre, una conducta, casi diría una forma de hallarse.
Las reuniones familiares pasaron de moda, las charlas con los amigos se suplantaron con los e-mails, a los vecinos no los conocemos y hasta nuestros pobres perros ya se pasean solos. Y todo esto queda inescrupulosamente justificado con la frase: "no tengo tiempo, estoy a mil".
Entonces nos preguntamos: ¿no tenemos tiempo o lo invertimos en el lugar equivocado?. Tendemos a llenar nuestra vida de una multiplicidad de diligencias que no tienen sentido pero nos ayuda a no sentir miedo.
Es difícil encontrarnos con nosotros mismos, preguntarnos qué queremos, qué sentimos, qué nos importa y que no. Porque las respuestas pueden ser fatales sobre todo en una estructura de la que sabemos que no podríamos salir. Y nos queda la opción más fácil: la de subirnos al tren de apuros y compromisos poco creíbles en donde no vemos, no escuchamos ni registramos a nadie.
Los invito a pensar, a pensarse, a indagar, a investigar, a preguntar, a inquirir, a sugerir, a pedir, y sobre todo a producir. Somos seres con toda la capacidad de engendrar, de provocar y de promover todo lo que nos guste. Y este es el momento para empezar a dejarse llevar.

miércoles, 9 de abril de 2008

Balcones










Nos metemos en la vida
como el que va por la calle,
sin descubrir los claveles
que cuelgan de los balcones.
Nos perdemos en las dudas
como el que vende el reloj
para seguir adelante
y se queda sin tiempo
al que dar explicaciones.
Nos quemamos a sabiendas
por la fuerza del pavor
que consigo trae
la evidencia mortal
que nos acompañará.
Nos quedamos sin saber
que habría sido lo que no fue,
mientras en el aire circundante
se desarrolla con precisión
nuestra realidad
que también tiene finales.




jueves, 3 de abril de 2008

De fantasmas, tacto y memoria



Hay una historia que muchos hombres conocen pero pocos se atreven a contar. Es la historia de los espectros de las amantes pasadas y de cómo habitan en tu corazón.

La historia comienza en la adolescencia, cuando el muchacho lleva en sí la fantasía de la amante perfecta. Está rodeada de un halo de misterio y de belleza; no es, de ninguna manera, una mujer real con las esperanzas, los temores y las preocupaciones de la vida diaria. De hecho, no tiene casi características. Es una evocación, un sueño, un perfume para el espíritu.
Esa mujer vive en algún lugar profundo de su fantasía hasta que un día cree que la encontró: la mujer de sus sueños. Ella es todo lo que siempre había querido. La persigue, ella le corresponde, se siente vivo como nunca lo había estado antes. A toda hora sueña despierto con ella. Cada momento lejos de ella es una agonía. Cuando está con ella la mira a los ojos y quiere llorar de alegría pro la increíble buena suerte que ha traído a su vida semejante belleza. Quiere tocarla. Y, finalmente la toca. Su cuerpo le duele por ella. Quiere entregársele, quiere poseerla, conocerla, amarla. Ambos luchan con la decisión, gastan largas noches en angustiosas decisiones y torpes tentativas. Finalmente hacen el amor.
Se pierden en sí mismos durante horas, durante días. Están a la deriva en un mar de pura y alocada pasión. Lentamente, esa pasión se enfría. Comienzan a pasar juntos sus horas ordinarias. Ella comienza a ser más una persona y menos un sueño. Ella tiene necesidades. Ella se encoleriza y tiene sus hábitos. Él la irrita. Ella lo irrita a él. El apetito sexual de ambos se desquilibra. Él siente la mente a la deriva o tiene la impresión de que ella se repliega en sí misma y ya no lo quiere, aún cuando aparenta que su cuerpo y el de él son uno.
Con el rabillo del ojo, él comienza a mirar a otras mujeres. Le parecen más atractivas. Sus risas son más musicales. Están más cerca de sus sueños. La mujer que alguna vez le pareció que llenaba su vida, le parece vacía y ordinaria y sus defectos, insoportables. Está cansado.
Pronto sólo les queda hacer el amor. Su pasión está vacía. Están presentes en el cuerpo, pero ausentes en el espíritu. Hay lágrimas y peleas, y largas despedidas. Hay promesas de que “tal vez algún día” y amables reclamos de “si tiene que suceder, sucederá”. Luego se separan. Tienen el corazón herido, y están furiosos. La tristeza asfixia al que fue abandonado. La culpa, la ira y el odio a sí mismo pueden rondar a quien abandonó a su pareja.
El tiempo pasa. Las heridas se curan. Aparece otra mujer. La danza comienza de nuevo.
Pronto están en brazos uno del otro. Es al mismo tiempo más duro y más fácil esta vez. Él la mira a los ojos. Es hermosa. Pero allá en el fondo, donde sólo el corazón puede ver, hay otra imagen. La de la mujer que amó primero, la mujer que apareció antes. Él se pierde en la pasión. Ambos se unen en la forma mágica que es el regalo de hacer el amor. Pero la otra imagen no desaparece. Es como un eco fantasmal.
Ella está aquí: el espectro de la amante anterior.

La danza continúa. Mujer tras mujer, tras mujer, cada una diferente, cada una como una nueva primavera. Él encuentra partes de sí mismo que nunca supo que existieran. Siente el amor en formas que jamás imaginaron su corazón y su cuerpo.
Pero cada vez oye los ecos. No importa cuánto se entregue, no importa cuán fuerte sea su amor, su lecho está lleno de los espectros de las antiguas amantes. Y con cada mujer hay más espectros.
Él no puede decirlo, ni siquiera decírselo a sí mismo, pero su corazón ya no es el que era antes. Las heridas se han convertido en cicatrices, y las alegrías de las pasiones anteriores han echado raíces en oscuros rincones de su memoria. Su amor, no importa cuán puro sea, está lleno de ecos.
Comienza a entender una verdad, a la vez terrible y hermosa. Comienza a ver que las mujeres a las que ha amado no son memorias sino presencias. Al hacer el amor con ellas las ha hecho vivir en su corazón para siempre. Comienza a darse cuenta de que todos esos amores –el pasajero de una noche y las más profundas pasiones- eran pequeños matrimonios, uniones eternas que reclaman unos derechos que no pueden ser negados.
Sabe que ese es el precio del amor que dio. Su amor ya no es puro. El recuerdo de cada amante comparte su lecho y lo compartirá durante toda su vida. Por tanto, debes ser cuidadoso con tu amor. No lo des al azar. Corre los riesgos que debas correr para encontrar el amor que debes encontrar; pero recuerda que cada amor es un matrimonio y cada uno formará parte de ti mismo para siempre. Cada uno disminuye, aunque sea muy poco, tu capacidad de entregarte por completo a otro amor, porque cada uno llena un pequeño espacio en tu corazón que no podrá ser ocupado por otro amor.
Escoge con cuidado y ternura. El tacto tiene memoria propia.

domingo, 23 de marzo de 2008

Algunas noches funestas, y fúnebres.

Noches para volver las miradas a los pasados,
y tú ya no sabes de rosas, ni de vinos,
ni de perfumes, ni de fotos de Paris,
ya no quieres más que huir, y gritar,
y tirarte en aquellos brazos oxidados
y dormirte en llanto y dolor,
dejarme olvidado bajo la cama, o sobre un colchón.
Odias, y maldices la suerte,
mis ojos, mis sonrisas,
y solo quieres escapar,
y envenenar el agua, y la luz,
las raíces de este amor inevitable, de garabato.

Noches para emborracharse
tragos de lagrimas rojas,
y la neblina que cubre las calles vacías,
los faroles que parecen esperarnos en cada esquina,
y tu, corres por las avenidas
corre la sangre, el alma,
buscas alguna nueva mirada,
alguna nueva salida,
laberintos oscuros y fríos,
la maldición de los malditos días.

Noches de olvido,
quemando cartas, y fotografías,
dejando en los rincones de los bares la vida,
y afuera tu solo quieres encontrar
silencios que te logren ayudar,
almas caritativas, luces encendidas,
y algú que otro abrazo
que te recuerde que aun estas viva ,
bajo noches perpetuas, bajo noches vacías,
noches que dan impresiones suicidas,
soledades abiertas,
amores que duermen con tu cobardía.




Nunca este poema dejará de sorprenderme, queda cerca de mi almohada, duerme en mi mesilla más de una semana.

Walking Around
Sucede que me canso de ser hombre.
Sucede que entro en las sastrerías y en los cines
marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro
Navegando en un agua de origen y ceniza.

El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos.
Sólo quiero un descanso de piedras o de lana,
sólo quiero no ver establecimientos ni jardines,
ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores.

Sucede que me canso de mis pies y mis uñas
y mi pelo y mi sombra.
Sucede que me canso de ser hombre.

Sin embargo sería delicioso
asustar a un notario con un lirio cortado
o dar muerte a una monja con un golpe de oreja.
Sería bello
ir por las calles con un cuchillo verde
y dando gritos hasta morir de frío

No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas,
vacilante, extendido, tiritando de sueño,
hacia abajo, en las tapias mojadas de la tierra,
absorbiendo y pensando, comiendo cada día.

No quiero para mí tantas desgracias.
No quiero continuar de raíz y de tumba,
de subterráneo solo, de bodega con muertos
ateridos, muriéndome de pena.

Por eso el día lunes arde como el petróleo
cuando me ve llegar con mi cara de cárcel,
y aúlla en su transcurso como una rueda herida,
y da pasos de sangre caliente hacia la noche.

Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas húmedas,
a hospitales donde los huesos salen por la ventana,
a ciertas zapaterías con olor a vinagre,
a calles espantosas como grietas.

Hay pájaros de color de azufre y horribles intestinos
colgando de las puertas de las casas que odio,
hay dentaduras olvidadas en una cafetera,
hay espejos
que debieran haber llorado de vergüenza y espanto,
hay paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos.
Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos,
con furia, con olvido,
paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia,
y patios donde hay ropas colgadas de un alambre:
calzoncillos, toallas y camisas que lloran
lentas lágrimas sucias.

Pablo Neruda

martes, 11 de marzo de 2008

Nos guía


La luna se puede tomar a cucharadas
o como una cápsula cada dos horas.
Es buena como hipnótico y sedante
y también alivia
a los que se han intoxicado de filosofía.
Un pedazo de luna en el bolsillo
es mejor amuleto que la pata de conejo:
sirve para encontrar a quien se ama,
para ser rico sin que lo sepa nadie
y para alejar a los médicos y las clínicas.
Se puede dar de postre a los niños
cuando no se han dormido,
y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos
ayudan a bien morir.

Pon una hoja tierna de la luna
debajo de tu almohada
y mirarás lo que quieras ver.
Lleva siempre un frasquito del aire de la luna
para cuando te ahogues,
y dale la llave de la luna
a los presos y a los desencantados.
Para los condenados a muerte
y para los condenados a vida
no hay mejor estimulante que la luna
en dosis precisas y controladas.


J. Sabine
Hoy más que nunca.



Ánimo compañeros, seguiremos luchando...

lunes, 3 de marzo de 2008

Una delicia: El enamorado de la Osa Mayor, de Sergiusz Piasecki ti


El misterio que se ha ido tejiendo alrededor de Sergiusz Piasecki tiene, como toda leyenda, algo de falso, pero quizá sirva para rescatar a este autor de algo más injusto: el olvido. Esa vida fue, para decirlo módicamente, singular. Piasecki nació, según algunas versiones, en 1899, y según otras en 1901 en Lachowicze, Lituania, por entonces partedel sector noroccidental del imperio ruso (hoy en Belarús). Su madre era belaruso y su padre, polaco. Rápidamente, regresó a su tierra natal y se enroló en la división lituano-belarusa del ejército polaco, en lucha contra el incipiente poder soviético. Sus reseñas biográficas aportan datos contradictorios sobre su militancia. Algunas dicen que desde 1922 hasta alrededor de 1926 Piasecki cambió de bando y comenzó a trabajar para los servicios de inteligencia comunista y otras lo niegan -lo que demuestra, en cualquier caso, que era un buen agente secreto-, pero todas coinciden en que sus aportes no fueron suficientes para atemperar su tendencia natural al bandidaje y al crimen, vocación que le valió ser condenado a muerte. La historia del arte le debe mucho a la casualidad: gracias a la infidencia de los carceleros, los manuscritos de Piasecki llegaron a manos del novelista polaco Melchor Wankowicz, quien, entusiasmado, ayudó a publicar el libro en 1937. El éxito fue tan grande que los admiradores de Piasecki se organizaron para reclamar que fuera puesto en libertad. En la nueva edición en español de El enamorado de la Osa Mayor , la primera vertida directamente del polaco, se dice que desde la liberación se perdió toda pista del autor y que es probable que en 1946 se haya trasladado a Inglaterra, donde quizás haya muerto en 1964. Pero no hay razón para poner en condicional esos datos. No solo quedan testimonios fotográficos de Piasecki en Londres, sino que allí vieron la luz otros libros suyos como Memorias de un oficial del Ejército Rojo y Nadie se salva . Esa distancia y ese enorme olvido le dan a la presentación actual el sabor del descubrimiento. Aunque El enamorado de la Osa Mayor aparece descripta como una "novela pura de acción", es mucho más que eso. Ciertamente, Piasecki no pierde tiempo en descripciones y pinta con trazos fuertes los bosques, lagos, alambradas, valles y ciénagas que dan marco a las decenas de expediciones de contrabando en las que el protagonista, Wladek, solo o con sus compinches, lleva y trae todo tipo de mercaderías a través de la línea divisoria, desafiando a los delatores y a la muerte siempre al acecho, entre la noche y la neblina, desde la boca de los fusiles de los gendarmes. El vigor de Piasecki no excluye la poesía, como se ve en este párrafo que sintetiza el clima de la obra: "Vivíamos como reyes. Bebíamos vodka a chorros. Nos amaban muchachas hermosas. No reparábamos en gastos. Pagábamos con oro, plata y dólares. Lo pagábamos todo: el vodka y la música. El amor lo pagábamos con amor, y el odio con odio". Wladek se siente morir cuando el paréntesis entre una excursión y otra es demasiado largo. Perdido en el camino de regreso, solo puede confiar en el revólver que ha cargado muchas veces, y en las estrellas, sobre todo en las que dibujan la constelación de la Osa, que le indican adónde debe dirigirse y a las que nombra como a novias: Eva, Irene, Sofía, María, Helena, Lidia y Leonia. Los amigos desertan, son capturados, mueren. Las amantes de la vida real son reconfortantes, pero efímeras. A Fela, el amor imposible, es necesario contemplarla en secreto. Ciertas coincidencias hacen que sea fácil asociar a Piasecki con un antecesor ilustre: Joseph Conrad. Como Piasecki, Conrad también arrastra la categoría de autor polaco, pese a haber nacido en Berdyczow, Ucrania; como él, vivió en la realidad muchas de las tramas de sus propias novelas, y, como él, también se estableció en Inglaterra. En ambos se respira un aire de acción y libertad que, en el caso de Piasecki, llega todavía más lejos. En la frontera que permanentementeviola el narrador en primera persona de El enamorado de la Osa Mayor se intuye un símbolo. El bien y el mal le son ajenos. Y vuelve a su templo natural, solo, en lucha contra todos. Desafía a los soldados y despluma a sus propios colegas. Muchas actúa sin medida. Otras veces es demasiado frío e indiferente. Y sin embargo hay algo de fascinante en estas páginas. Hay, además, entretenimiento asegurado, pues los episodios de aventuras se suceden sin pausa. Una advertencia sobre la traducción: es preciso pasar sobre una gran cantidad de palabras del slang patibulario español, desconocidas o inusuales para el público argentino y bien distintas del lunfardo autóctono, que le caería como anillo al dedo a El enamorado de la Osa Mayor . Expresiones y giros a veces difíciles de descifrar dejan de fastidiar apenas uno queda atrapado, irremediablemente, por lo que palpita en la novela.