lunes, 1 de diciembre de 2008

PerdidoBolero















Sólo somos naúfrafos

sometidos al retorno de Generaciones
pasadas, incapaces de alcanzar
la perfección del mar
por estar inmersos
en una guerra sin vencedor ni vencido.

Sólo algunos privilegiados
encuentran su otro yo
y logran completarse en ese mar

Otros
simplemente somos restos de naufragios
luchando por sobrevivir,
seres autómatas
que hemos perdido
o rechazado
u ocultado
el músculo doloroso
que una vez,
o dos,
o más
hirieron sin querer
o quizás con la intención
de hundirnos.

martes, 11 de noviembre de 2008


El universo es una perversa inmensidad hecha de ausencia. Uno no
esta en casi ninguna parte. Sin embargo, en medio de las infinitas
desolaciones hay una buena noticia: el amor. Los Hombres Sensibles de
Flores tomaban ese rumbo cuando querian explicar el cosmos. Y hasta
los Refutadores de Leyendas tuvieron que admitir casi sin reservas,
que el amor existe. Eso si, nadie debe confundir el amor con la
dicha. Al contrario: a veces se piensa que amor y pena son una misma
cosa. Especialmente en el barrio del Angel Gris, que es tambien el
barrio del desencuentro. Las historias amorosas de los tiempos
dorados son casi siempre tristes. Esto no basta para afirmar que
todos los romances fueron desdichados: sucede -tal vez- que el arte
necesita nostalgia. No se puede ser artista si no se ha perdido algo.
Los poemas de amor satisfecho aparecen como una compadrada de
mercaderes afortunados. Por eso los poetas de Flores buscaban el
desengaño, porque pensaban que cerca de el andaba el verso perfecto.
Casi todos quedaban en la mitad del camino. Manuel Mandeb veia las
cosas de un modo mas complicado. Admitia que la pena de amor conducia
al arte. Pero tambien sostenia que el proposito final del arte es el
amor. La recompensa del artista es ser amado. Asi pareceia opinar
Ives Castagnino, el musico de Palermo, quien componia valses
melancolicos al solo efecto de seducir señoritas. Cuando no lo
lograba, su tristeza le dictaba otras canciones que mas tarde le
servian para deslumbrar señoritas nuevas y asi recomenzaba el
circulo. Algunos muchachos sin vocacion artistica trataban de merecer
a las damas cultivando las ciencias, la bondad, el coraje, la riqueza
o la extorsion. Los autores de aforismos extrajeron de estas
realidades una conclusion modesta: si no fuera por el amor, nadie
haria gran cosa. Las muchachas beligerantes podian objetar que estos
pensamientos parecen reservados a la conducta masculina. Al respecto,
Mandeb creia que las mujeres hacian de ellas mismas un hecho
artistico.

El poligrafo de Flores, en un rapto de arbitrariedad, llego a
establecer un orden de cualidades, segun su eficacia para enamorar.
Coloco en primer lugar la belleza y luego la juventud, aclarando que
estas dos virtudes son tal vez una sola. Despues ubico las
condiciones espirituales: inteligencia y bondad. En ultimo termino,
el poder y el dinero. Muchedumbres de feos de cierta edad polemizaron
con Mandeb reclamando el derecho a ser amados por su limpieza,
trayectoria comercial o apellido ilustre. De todos modos, para este
oscuro pensador, el amor era una flor exotica cuyo hallazgo ocurria
muy pocas veces.

- De cada mil personas que pasen por esa puerta -decia- acaso nos
conmueva solamente una. Del mismo modo, quiza solo una entre las mil tenga
a bien impresionarse con nosotros. La cuenta es sencilla: sin contar
percepciones engañosas y desilusiones posteriores, la posibilidad de un
amor correspondido es de una en un millon. No esta tan mal, despues de
todo.
Pero dejemos la pura especulacion de los espiritus obtusos de Flores.
Mucho mas interesante es saber como amaron realmente. Para ellos habremos
de transcribir algunas historias que presumen de veraces y que han llegado
hasta nosotros por avenidas literarias o por oscuros atajos confidenciales.

domingo, 26 de octubre de 2008

can we..?


El poeta rezaba sin causa, perdido, hendido en las rendijas de su propia amargura. La inspiración al igual que la locura "nunca tuvo maestro" y es por esto que la necesidad creativa del intrépido ronda de norte a sur su mismo cortex,ensimismada, ávida para tomar la realidad. El reconocimiento, o la palmadita en el pecho es el pan de cada día; la crítica o la mera envidia, tejen la bandera que pocos, no ya tan intrépidos, se atreven a consumir. Siempre de una manera caprichosa, rozando lo mezquino.
El poeta se cansa, ya no resuda en el evangelio y busca su próxima víctima, una nueva Lolita o cualquier hoja perdida de Madrid. Afila su vista de lince en peligro de extinción para montar su nueva historia. Sin vistas al futuro pero con la pluma sumergida en el presente, voluptuosa, en guardia en esta cementerio-de-sueños-ciudad.
Se asoma el quinto Sol en la Dehesa de la Villa una hora antes, perfilando nuevos horizontes para la mal llamada América, pidiendo a gritos ese cambio que tanto necesita.

martes, 21 de octubre de 2008

Hoy, solo puede hablar Silvio

El silencio aulla tras su guitarra,
reflexivo, inequívoco...
La dulzura, hecha canción; el súmun define esta ópera.

Pensemos en voz alta, amemos.

lunes, 20 de octubre de 2008

A veces suele...


Regalan soluciones para la crisis, el gobierno argentino nacionaliza las pensiones privadas, Wall Street sube más de cuatro puntos pero Collin Powell bromea con ser Demócrata, 18 muertos en el motín de la cárcel mexicana de Reynosa. Mientras,nosotros, cómo no seguimos encogidos, taladrando gritos, aullidos, bramidos al envés del almohadon. El tiempo se nutre de segundos, de partículas congruentemente atemporales invertidas en esperanza, que queda congelada en tu cuerpo. Solo cuando rescatas mi última dicha o juegas al despite tras mis cínicos sentidos.
Noviembre es lo que tiene, comienzan a llenarse de letras las notitas fluorescentes que perfilan los Lunes: primeros avisos de pago de matrícula de la universidad o la mañana perdida en reprografía buscando la programación de Historia del Pensamiento Social y Política, libros de Kapucinski, pestañas de tus noches...
Es tiempo de amar por cualquien poro de tu insulsa máquina de vida, de alzar la voz, una vez más, para aliviar el tedeo, ese que ni tan siquiera, ya, traen las golodrinas. Almendros que lloran cuando nos subimos a Madrid. Arrebato a los días esa daga que a muchos ahoga, que ciega hasta con frialdad. Herejes, somos casi siempre, dentro del margen de incertidumbre, con la pluma descosida de verosimilitud y en la mesilla de Cesar Vallejo. Amemos sin acuse de recibo, sin vísperas, con saña. Ah! Y de rezar a dioses que no creen en nosotros.
Salud,con vértigo de estraperlo.

jueves, 18 de septiembre de 2008

Sin,con, o quizá


















Prisas incendiarias regateaban las baldosas,
sin reloj que degustara el sabor de su castigo.
Mañanas de nivea, nenuco y nubes rosas
excursiones acabadas en el roto de tu ombligo.

Clases de desdoble en las dunas de tu pelo
fisica y quimica en las escaleras del olvido.
Carreras en pasillos con sabor a caramelo
acicalan mis recuerdos en cada noche que se ha ido.

Derrama escarcha el vagon de mi pasado
en carceles de cloro, de rutina, de memoria,
envileciendo las agujas de un reloj siempre atrasado,
cuando sea niño no habra drama en esta historia.

Asi pues vendamos cara la derrota
de letras, pagares y acuses de recibo
cicatrices de papel caeran hoy en bancarrota
cuando aquellos muros dibujen los versos que no escribo.




Un silbidito

El frió alarde su existencia en el hueco de mi pecho.
Me da muestras de que aun quedan tus pasos caminando hacia algún cielo del norte. Me habla de lo prestado, como besos, y tu sal, efervescente en mi sangre.
Sé por él, también, que tus noches colapsan cuando caen plumas de pájaros que alguna vez trajeron caricias, cuando en el reloj no caben suficientes agujas para marcar las horas en que recorres su contorno.
Ya no me sorprende vivir en tu aire, en el eco de un llamado que viene de las paredes, que soñó una mañana al salir de mi boca.
El humo en el que vas, del que yo también soy esclavo, es humo de las cenizas de nuestras palabras, de las ilusiones con vencimiento y de acordes que suenan en una canción.
Algún día, cuando tus ojos descansen del temporal que te acecha, podrás leer en la luna, el presagio que la madrugada esconde. Se hará cargo de tus dolencias y de otros amores que no saben de heridas.+




domingo, 31 de agosto de 2008

De nuevo, de vuelta a la ciudad











llueve.
de fondo la ciudad se queja dormida..
los árboles arrugan sus hojas,
(tienen miedo del frío).
no hay rincón que no empape tus pies,
quizás hoy nadie pueda esconderte.

llueve.
las gotas golpean contra el cristal,
miras a través de tu ventana ajeno a esta soledad,
esperando a que te salve algún abrazo.

..reflejos que recuerdan cómo las calles siguen vacías,
todos escaparon hacia ninguna parte.

llueve.
inmóvil tú,
sin ángel que te aguarda,
sintiendo mares que te arrastran.

el agua.. sigue cayendo.
todos callan.

basta un suspiro, todo se detiene.
basta tu recuerdo..


..todo vuelve.

sábado, 26 de julio de 2008

Un "claro que no te olvido"



Dicen que escribo para no pensar
sin pensar lo que escribo
sin decidir lo que siento
lo que percibo
si me lamento o me encierro
en una noche sin palabras.

Yo, simplemente,
amo y soy amado
desde mi primera infancia
por el rastro de tus ojos
por los besos enterrados
en un origen que desconozco.

Es facil ser amado
si lo amado no te dice:
-Cariño, duerme a mi lado,
que ya es de madrugada.

Creo que soy una ninfa
que baila en el agua mientras duermes
y los ojos no temen ver si se altera
el ronquido y la ola,
la calma y la deshonra.

Yo no soy ese hombre diferente
ni siquiera soy distinto
ni guardo paginas de plata
en cajones cerca de tu mano.

Yo no soy esa sombra
que te dice dulce al oido:
-Cariño, ven conmigo,
que tengo miedo a perder la alegria.

No me alejo, escucho una cancion,
sueño y despierto, vengo aqui y te cuento.

No se lo que digo, ese es mi silencio.
Solo sé que algo cambia si te tengo.

Cerca del origen de aquel beso,
en una trinchera cosida con los ojos cerrados.










lunes, 7 de julio de 2008

Dos versos

Me sobran dos versos inquietos
que se arremolinan en el regazo.
No los quiero ni los pretendo
¿Quién los quiere? los regalo.
¿Quién se atreve a disuadirlos
de la bruma y del espanto?
¿Quién pretende tan siquiera besarlos?.
Regalo los dos versos
que me tienen atormentado.

martes, 24 de junio de 2008

Traiciones













Traiciones desnudas al ver amanecer,
luces gitanas que parten la mañana en dos si no te veo a ti,
se llena de hojas la sucia vereda que lleva a la esquina
y el frió aterrador que deja sin respiración una ciudad,
se convierte en el manto de tantos mendigos como yo
que alucinamos con ver el sol de alguna primavera.

Amores escondidos tras los parques vacíos,
las luces de los faroles que se niegan a morir injustamente,
y yo que desesperado soy como tu huella,
siguiendo tras los hospitales el aroma a la muerte,
buscando en los bares ya difuntos
el rastro mínimo de tu aroma sobrevolando
tanta perdición, tanta locura apagada y sin tu compañía.

Palomas aburridas de volar, y yo de mirarlas,
es tan pequeño este espacio sin ti, sin tus miradas,
es tan cobarde y tan agridulce aquel recuerdo
y el aire contaminado, y la escarcha de las mañanas
no colabora con los momentos en que vuelvo a creer,
quizás algún día se muera tanto dolor,
quizás este noviembre sea, primavera de amor.

lunes, 23 de junio de 2008

Tequila: ‘Antes los jóvenes querían ser estrellas de rock, hoy prefieren ser brokers"


Los seis años que se mantuvo el grupo en activo, entre 1977 y 1983, fueron, cuanto menos, turbulentos para esta banda que fue pionera a la hora de trasladar el rock al castellano desde que debutara con 'Matrícula de honor' y que no supo evitar un destino que pasó inevitablemente por las drogas y, como consecuencia de ellas, por la disolución del grupo.


Ambos músicos llegaron desde Argentina y se sumaron a un grupo de compatriotas, todos ellos artistas, como Rubi, los hermanos Makaroff o Cecilia Rot, la hermana de Ariel. "Fue un dulce exilio con el que tuvimos la oportunidad de vivir en plena efervescencia nuestra primera juventud. Madrid nos unió mucho", comentan.

"Pocos errores cometimos para lo jóvenes e inexpertos que éramos", asevera Ariel Rot, quien prosiguió una carrera en solitario ya iniciada durante los años de Tequila y que luego formó, junto a Andrés Calamaro y su compañero en Tequila Julián Infante, otra legendaria banda del rock en castellano, Los Rodríguez.

"Entre nuestros aciertos está que todo fue muy natural; hacíamos lo que nos salía. De ahí nació una inspiración especial, una magia que nos hizo conectar con la gente de un modo no planeado", apunta Stivel.

"Quizá en lo que sí fallamos fue en no rescindir el contrato a tiempo -recuerda Rot-, lo que nos obligaba a otros cinco años de condena con la discográfica... algo que solo se solucionó al desaparecer la banda". Elmundo.es/28May

VUELVE TEQUILA!!!!!!!




domingo, 15 de junio de 2008

La "Puta herida"

Mujer oscura, poliédrica en sus caras, de métodos siniestros. Enmascarada en el victimismo más rancio, en un "todos y todo contra mí". Es triste llegar a comprobar una de las miserias humanas, y más si es la envidia, o si te centras en la mentira. Jugando siempre a perder quería ganar, pero eso en esta esquina no vale, a nosotros no nos la metes. Tus mil caras se revuelven en certezas, éstas que tenemos en nuestras manos una vez descifradas, con las que ahora reímos y comprendemos lo vacua que llegas a ser. Entre nosotros bailabas con una apatía eterna, enfrascada en el tercer paso, sin aclarar dónde empezaba y hasta donde querías llegar. Pero te pillé, te pillamos más pronto que tarde, entre la maleza, el topo herido resurge de manera natural aunque intente mostrar su enésima cara. Aunque recurras a esta vida de película coleando en otra escena que se desintegra por lo poco que interesas, por la fé invertida en, no en odio ( odiar es rancio, nosotros creemos todavía en el rock n roll y aquello de la elegancia) sino en la peor de las indiferencias.

Aún con esas, te deseamos suerte sin eco, sin regreso. Tú y tus historias, la misma papela de siempre, te echó tan afuera que no sabrás nada más de nostros. Y viceversa.

sábado, 14 de junio de 2008

El Loco de la colina

En noches insulsas, esas en las que tu espalda y la calma desentierran el hacha de guerra, las horas se descuelgan de los grilletes del tedeo. Parece que siempre recurro a lo mismo, desde hace demasiado tiempo. Una de las mejores medicinas que colocan sin alcohol, cerca de una voz rotunda, experta, verde y cargada de libertad de esa con más ocho letras.
En mi habitación sembrada de folios que algún día volarán, este loco siempre vuelve, con la palabra por fusil. Desterrando el aullido en aquella lejana colina, acerca ilusiones y momentos mágicos cuando arranca sus silencios a su pertrechado micrófono.
Ponme otro güisqui que mañana te lo pago.
Vivir sin soñar es inhumano. Más del exceso que la sobriedad...

"Creo que no hay nada más terrible que el propio miedo. El miedo es como una cadena que nos impide caminar, como una camisa de fuerza que no nos deja movernos, como una cárcel invisible que nos priva del placer de la libertad.Por miedo nos quedamos sin contemplar los fantásticos paisajes que hay más allá de la frontera del temor. Por miedo nos negamos a caminar, a cambiar, a descubrir nuevos caminos y nuevos horizontes. Por miedo nos conformamos con la mediocridad y con la rutina. Por miedo no nos atrevemos a ser nosotros mismos y nos negamos y nos contradecimos. Por miedo dejamos de hacer lo que nos gustaría y hacemos cosas que aborrecemos. Por miedo nos dejamos oprimir y avasallar. Por miedo preferimos ignorar las verdades y nos refugiamos en las mentiras." Jesus Quintero


jueves, 12 de junio de 2008

Desde una ventana del Mar Menor















Me acaricias
con tu cuerpo revoltoso
cubriéndome de algas
o de pececillos despistados
que resbalan entre mis dedos
como tu espuma blanca,
como el canto melifluo y sincopado
de tus risas y de tus quejas.

Me sumerjo en ti
y me mandas tu mensaje
de caracolas lejanas,
o me golpeas duramente con tus olas
zarandeando mis silencios
que quieren esconderse
del otro lado del inicio del levante.

A veces me arrastras,
me llamas desde tus corrientes
escondidas y falaces
susurrándome con tus resacas
promesas de sirenas y jardines
mar adentro...
Y a veces estoy a punto de creerte.


jueves, 29 de mayo de 2008

Crucigrama etimológico














Qué querrán decir las palabras cuando hablan entre ellas en plena connotación.
Cuál será su verdadero significado, su esencia.
Se dice que una palabra, es solo el fragmento de otra más primitiva. Arrastran con ellas una historia de cambios en constante mutación. Existen milenarias teorías de que ellas viajan en el túnel del tiempo, conjugando alfabetos a su gusto, buscando una conexión del intelecto del éxtasis y la trascendencia de la imaginación.
Extrañas combinaciones de letras son las encargadas de entrelazarse para formar una palabra, algunas de ellas, solo cobraran vida cuando son descodificadas por quien se atreva a pronunciarlas. Las palabras pueden transmitir o solamente leérselas, sin que los sentimientos entiendan el lenguaje, sin significado ni definición, simplemente fonética...

Palabras que mueren de sed y generosas; palabras acorraladas y acaudaladas; palabras inoportunas y exactas; palabras de colores, transparentes e invisibles; palabras inequívocas y redundantes; palabras con principio y final, media palabra y completa; palabras gritonas, calladas, lloronas y mudas; palabras presentes y ausentes; palabras con memoria o amnesia, dormidas y despiertas; palabras ciegas y videntes; palabras en penumbras e incandescentes; palabras embriagadas e insulsas, particulares y anónimas, secas y perennes, significativas y diplomáticas, místicas y mágicas, charlatanas y tartamudas, doloridas y felices, tatuadas y volátiles, dulces y amargas, intensas y puras; palabras dotadas e ignorantes, palabras incendiarias y frontales, palabras luchadoras e invasoras, matemáticas y metódicas; palabras soñadas y delirantes, anémicas y febriles; palabras memorables, asombrosas y desaparecidas; las palabras se entenderán cuando hablan en voz alta, o quizá solo seán, eso, palabras nada más.
Lo supuesto de lo superfluo, incesante búsqueda..

miércoles, 28 de mayo de 2008

Sucio, desmejorado violín











En la esquina de este tiempo
- la más cercana de la habitación-,
habita el olvido, entre una puerta oscura
y un jarrón despierto.

Antes, cuando latías
cualquier vecina reclamaba mi sal,
o aquella paloma
sentenciaba la tarde
con vistas al mar, con tu quebrada melodía.

Los niños paseaban por mi portal,
con caras de sueños,
con lápices de colores,
con la risa en la mano.
Ahora, el camión de la basura recuerda las 7 de la tarde.


Maldita, la hora,
maldito cuaderno,
sucio, desmemoriado tras tus desvaríos.
Paganini ya no pasea
cerca, por mi bureau,
donde te descubría un sueño.

Duermes alejado
del aire que te hizo crecer,
en sí bemol,
ante la menor,
sincopado, acomplejado.



Duermo,
intranquilo, horrorizado
por el vértigo mundano,
alejado de la avaricia urbana
agarrado a tus viejas cuerdas,
imaginarias, casi infinitas,
al fin, solo mías.



Despierto,
con cara de tonto,
aunque se despida la canción,
la voz de tu coche
relincha media noche.

Tu estuche,
yermo, inundado de vacío
no cierra ni miente.
Al final de la partida,
no encuentro los dados.

Mis manos,
arrancaron tus clavijas,
el deseo amagó en ristre
mientras el poeta
vomita sangre, letras perdidas
y besos por nacer.


Madrid, entre Mayo y Junio.

lunes, 26 de mayo de 2008

Eurozona















Bruselas, a 5 de Abril de 2008

Cerca de mis dedos,
al sur de cualquier deseo, la "Grand Place" levita hiriente
en este atardecer en el que me descubro.

Orta,aquel genio del Art Nouveau pensó lo mismo:
un café en el que se sirven tés,
catedrales en las que se desatan fiestas privadas;
un país surtido en mil, aunque unido por una bandera
al son del himno de la alegría,
con estrellas y fondos azules.

Ella descansa estirada
en un hilillo de chocolate,
en sus artes tomamos el combinado más europeizado.

La arena de sus calles
lubrica el último engranaje
de este recodo sin bruselizar.

El pulmón agujereado de la vieja europa,
límite del pensamiento ilustrado,
pasea su historia a gran velocidad
atenta a sus desvaneos.

Sin dudas, sin pausas
"ligera de equipaje".


Resuda la plaza alegría, contagiosa
a veces, codo a codo
entre "inglés " y "francés".

El camarero recoge
el último vaso que resistía en la mesa.
Mañana otra batalla,
cerca de Waterloo: Brugges.
Aunque sin ti, sería un espejismo.

Construye tu propia historia















Una vez, una persona de cierta edad, que había venido desempeñándose durante un tiempo en varias actividades, tuvo que suspenderlas, a causa de ciertos factores que se presentaron y empezaron a dificultárselas de modo tal que el esfuerzo de mantenerlas implicaba un gasto de energías que ella prefería guardar para acometer otro tipo de emprendimientos.
De pronto, se produjo una situación que la involucró. Ella trató de desembarazarse pero fue peor, porque se enredó más. Entonces, manteniendo toda la serenidad de que pudo hacer acopio, analizó todos los componentes del asunto, en busca de algún punto débil que le permitiera hallar una salida.
Cuando llegó a una determinación, no obró enseguida, porque tuvo la precaución de querer repasar uno a uno los detalles de su plan, para rastrear toda posible falla o consecuencia inesperada que pudiera no haber considerado en su análisis. Finalmente, se convenció de que su proceder era el más indicado y entró en acción. Ni bien lo hizo generó una reacción de otros de los involucrados en el caso, pero ella había calculado tal reacción y dijo lo que había pensado decir si pasaba lo que pasó. Esto fue una verdadera sorpresa para los demás, y uno de ellos respondió con una frase que jamás había imaginado que podría salir de su boca alguna vez, ni en ese tipo de circunstancias ni en ninguna otra. Los demás no respaldaron ese dicho, ni de palabra ni de hecho, aunque tampoco se comportaron de una manera que pudiera interpretarse como manifestación de disconformidad en relación a esas palabras o a sus implicaciones.
De haber sido otro el momento, es posible que la persona a quien iban dirigidas las palabras hubiera replicado. Pero algo ocurrió que modificó el cuadro de modo que el tema ya no importaba.
Lo importante era lo que acababa de surgir, y eso reclamaba toda su atención. El dedicar una sola palabra a describir qué hicieron los demás sería traicionar o negar la abstracción que sufrió aquella persona con respecto a toso lo que no se emparentaba con el nuevo elemento que irrumpía en su vida.
Pero esto después cambió. Se suscitaron cosas que habrían de modificar sustancialmente el mapa político de la situación.
La principal de ellas fue que quienes habrían avalado la conducta que hasta aquí hemos venido describiendo paso a paso, estaban lejos o no tenían la disposición que otras veces habían mostrado para jugar un papel que incidiera en el desarrollo de los acontecimientos. Y sin renunciar a los principios rectores de las argumentaciones que tejía para justificar su comportamiento, la persona de la que venimos hablando, y que iba llevando el hilo de esta historia, lo soltó, rigiéndose en adelante por procedimientos inalámbricos que nos dejan afuera y nos inhabilitan para dar cuenta de los hechos desencadenados a partir de aquéllos sobre los que con profusión de detalles tuvimos la posibilidad de informar.

sábado, 10 de mayo de 2008

No me preguntes, ni sé qué hice









En lo íntimo de lo estético guarece la esencia primitiva de cualquier oda a la libertad, el próximo canto a la esperanza, o de tu maldita postura en este, nuestro y lejano atardecer. Es triste que en estos tiempos, además de deshumano, clamar al olvido con esa vana acritud que demasiados pretenden justificar. La risa se tornó en un llanto oscuro, hasta a veces casi perverso. La alegría ya no campa a sus anchas en los vastos prados de la sabiduría indefinida, sin acotaciones pero necesaria. Aquella llama de rebeldía que perseguía otros mundos mejores en ese París coloreado de adoquines, todavía hoy recuerda la esperanza crucial que, a trancas y/o barrancas nos ayudará a redefinir nuestros pasos. Por mucho que ciertos dimensionistas perdidos en el presente prediquen de la dudosa transcendencia, de la coloridad de aquellos días, tu y yo, seguiremos firmes porque, aunque no lo creas a ciencia cierta, sentimos la senda cada vez más profunda, musicalizada por las buenas ideas, por tantas historias que reposan en nuestra mesilla. Versos olvidados y enigmáticos acordes que dibujan estos mil atardeceres cargados de letras desordenadas, de causales, de amores impávidos al olvido, donde Platón usa la pluma de Bukowky, y tú no te atreves a reducir este poliedro inacabado. Hoy, donde explorar tu esfera oculta se presenta como el viaje más virginal, estaremos en guardia como Gelman, o eternizando el enésimo deseo. Sin más pero, por supuesto, si nada menos, tan cerca pero una pizca lejos. Rebeldía frente a la hipocresía.

martes, 29 de abril de 2008

Para ti, "a tientas", señor González

















Tiempo febril, repleto de exámenes. O primaveral, como la ginebra con la que pronto brindaremos. Tiempo, donde ahora él habita con nostálgicos cantos elegíacos. Desde donde siempre mira, con su mirada iluminada, el mundo y su alborozo: la vida que no cesa de extinguirse. Con Ángel González más de uno hemos compartido más de mil atardeceres, soñado con mundos mejores, y otras muchas veces robado algún que otro verso con el propósito de enamorar a la penúltima dama. Y todavía lo seguiremos haciendo, porque no muerto el escribidor, nace el mito.
Aunque sinceramente, te conocimos gracias a un profesor de lengua y literatura de esta maldita ciudad. Le hacías levitar, y eso quieras o no, precisaba, por aquel entonces, investigación. Hasta que por fin destapamos “Áspero Mundo”, primera joya con la que empezamos a jugar. Y en estas horas, cuando la madrugada te embriagada y los cafés afloran, sientes de otra manera la inmensidad de cualquiera de sus poemas, el compromiso, la jerarquía de valores para una sociedad de Paz. Franqueza y tibieza, pasión y devoción. Un notable baluarte de la generación de los “poetas sociales” que junto con Gil de Biedma, Goytisolo, o Caballero Bonald, renovaron la maltrecha poesía española de posguerra, rescatando la crítica a pie de calle en la oscura y larga noche del Franquismo.

La brisa destapará a felices matrimonios, las hormigas harán de las suyas en tu cocina, o quizá tu hermano ande hincándole el diente al fruto prohibido, aquel con el que tanto juegas bajo tus sábanas mojadas. Pero la poesía seguirá así, ahí: sencilla, en guardia, o como dijo Gelman “de pie contra la muerte”. Como arma valiosa a la que aferrar tu enésima derrota, o el plato de partida del siguiente vuelo. Lejos, o cerca, o donde te apetezca pero da por hecho que estarás dentro de cualquier amasijo enimágtico de letras, “la vida es sueño”.

Desde la mísera oscuridad de esta habitación perdida de Madrid, un abrazo clama al cosmo, una risa a la mar, y nuestras canciones, ¿quién saben a dónde irán?
(para "La Otra Cieza, número II", revista mensual de la Asociación Cultural La Empedrá)

domingo, 20 de abril de 2008

Solamente tu.













Siento el frió en esta alma vulnerable
tanto como las hojas de los parques y este otoño,
tanto como tus manos quemando mis mejillas
y abriendo aquellas nubes con sinfonía de silencios,
por qué hieren los días
y el despertar respirando, duele tanto,
como hieren el alma, fantasmas disfrazados
con mascaras de fiesta y bohemia...

Siento el sentir, el sentimiento vendido
el de liquidaciones y ofertas,
y hieren también las madrugadas oscuras
de paraderos repletos de almas perdidas,
buscando en algunos ojos ajenos
el motivo suficiente para volver a sonreír.

Y pasan por debajo de las goteras
asesinos de minutos, ladrones de universos,
y he recordado entre las heridas que deja la lluvia,
los recuerdos de ruinas y dolores,
de vacíos y luces quebradas
que no dejan ver mas allá de la neblina
he recordado que existían en otra vida
los sentimientos de amores olvidados.

jueves, 17 de abril de 2008

Es muy raro

Es raro en estos tiempos ver a un joven sentado en una bar tomando un café, leyendo un libro o simplemente pensando con la mirada perdida. También es inusual caminar sin rumbo fijo sobre alguna calle desolada y mucho menos plasmar sobre una hoja nuestros sentimientos hacia alguien.
La música se ha convertido en un acompañante ideal de nuestras actividades y no existe el placer de contemplar la melodía como tal.
De la televisión no hay mucho más que agregar excepto que se ha tornado una costumbre, una conducta, casi diría una forma de hallarse.
Las reuniones familiares pasaron de moda, las charlas con los amigos se suplantaron con los e-mails, a los vecinos no los conocemos y hasta nuestros pobres perros ya se pasean solos. Y todo esto queda inescrupulosamente justificado con la frase: "no tengo tiempo, estoy a mil".
Entonces nos preguntamos: ¿no tenemos tiempo o lo invertimos en el lugar equivocado?. Tendemos a llenar nuestra vida de una multiplicidad de diligencias que no tienen sentido pero nos ayuda a no sentir miedo.
Es difícil encontrarnos con nosotros mismos, preguntarnos qué queremos, qué sentimos, qué nos importa y que no. Porque las respuestas pueden ser fatales sobre todo en una estructura de la que sabemos que no podríamos salir. Y nos queda la opción más fácil: la de subirnos al tren de apuros y compromisos poco creíbles en donde no vemos, no escuchamos ni registramos a nadie.
Los invito a pensar, a pensarse, a indagar, a investigar, a preguntar, a inquirir, a sugerir, a pedir, y sobre todo a producir. Somos seres con toda la capacidad de engendrar, de provocar y de promover todo lo que nos guste. Y este es el momento para empezar a dejarse llevar.

miércoles, 9 de abril de 2008

Balcones










Nos metemos en la vida
como el que va por la calle,
sin descubrir los claveles
que cuelgan de los balcones.
Nos perdemos en las dudas
como el que vende el reloj
para seguir adelante
y se queda sin tiempo
al que dar explicaciones.
Nos quemamos a sabiendas
por la fuerza del pavor
que consigo trae
la evidencia mortal
que nos acompañará.
Nos quedamos sin saber
que habría sido lo que no fue,
mientras en el aire circundante
se desarrolla con precisión
nuestra realidad
que también tiene finales.




jueves, 3 de abril de 2008

De fantasmas, tacto y memoria



Hay una historia que muchos hombres conocen pero pocos se atreven a contar. Es la historia de los espectros de las amantes pasadas y de cómo habitan en tu corazón.

La historia comienza en la adolescencia, cuando el muchacho lleva en sí la fantasía de la amante perfecta. Está rodeada de un halo de misterio y de belleza; no es, de ninguna manera, una mujer real con las esperanzas, los temores y las preocupaciones de la vida diaria. De hecho, no tiene casi características. Es una evocación, un sueño, un perfume para el espíritu.
Esa mujer vive en algún lugar profundo de su fantasía hasta que un día cree que la encontró: la mujer de sus sueños. Ella es todo lo que siempre había querido. La persigue, ella le corresponde, se siente vivo como nunca lo había estado antes. A toda hora sueña despierto con ella. Cada momento lejos de ella es una agonía. Cuando está con ella la mira a los ojos y quiere llorar de alegría pro la increíble buena suerte que ha traído a su vida semejante belleza. Quiere tocarla. Y, finalmente la toca. Su cuerpo le duele por ella. Quiere entregársele, quiere poseerla, conocerla, amarla. Ambos luchan con la decisión, gastan largas noches en angustiosas decisiones y torpes tentativas. Finalmente hacen el amor.
Se pierden en sí mismos durante horas, durante días. Están a la deriva en un mar de pura y alocada pasión. Lentamente, esa pasión se enfría. Comienzan a pasar juntos sus horas ordinarias. Ella comienza a ser más una persona y menos un sueño. Ella tiene necesidades. Ella se encoleriza y tiene sus hábitos. Él la irrita. Ella lo irrita a él. El apetito sexual de ambos se desquilibra. Él siente la mente a la deriva o tiene la impresión de que ella se repliega en sí misma y ya no lo quiere, aún cuando aparenta que su cuerpo y el de él son uno.
Con el rabillo del ojo, él comienza a mirar a otras mujeres. Le parecen más atractivas. Sus risas son más musicales. Están más cerca de sus sueños. La mujer que alguna vez le pareció que llenaba su vida, le parece vacía y ordinaria y sus defectos, insoportables. Está cansado.
Pronto sólo les queda hacer el amor. Su pasión está vacía. Están presentes en el cuerpo, pero ausentes en el espíritu. Hay lágrimas y peleas, y largas despedidas. Hay promesas de que “tal vez algún día” y amables reclamos de “si tiene que suceder, sucederá”. Luego se separan. Tienen el corazón herido, y están furiosos. La tristeza asfixia al que fue abandonado. La culpa, la ira y el odio a sí mismo pueden rondar a quien abandonó a su pareja.
El tiempo pasa. Las heridas se curan. Aparece otra mujer. La danza comienza de nuevo.
Pronto están en brazos uno del otro. Es al mismo tiempo más duro y más fácil esta vez. Él la mira a los ojos. Es hermosa. Pero allá en el fondo, donde sólo el corazón puede ver, hay otra imagen. La de la mujer que amó primero, la mujer que apareció antes. Él se pierde en la pasión. Ambos se unen en la forma mágica que es el regalo de hacer el amor. Pero la otra imagen no desaparece. Es como un eco fantasmal.
Ella está aquí: el espectro de la amante anterior.

La danza continúa. Mujer tras mujer, tras mujer, cada una diferente, cada una como una nueva primavera. Él encuentra partes de sí mismo que nunca supo que existieran. Siente el amor en formas que jamás imaginaron su corazón y su cuerpo.
Pero cada vez oye los ecos. No importa cuánto se entregue, no importa cuán fuerte sea su amor, su lecho está lleno de los espectros de las antiguas amantes. Y con cada mujer hay más espectros.
Él no puede decirlo, ni siquiera decírselo a sí mismo, pero su corazón ya no es el que era antes. Las heridas se han convertido en cicatrices, y las alegrías de las pasiones anteriores han echado raíces en oscuros rincones de su memoria. Su amor, no importa cuán puro sea, está lleno de ecos.
Comienza a entender una verdad, a la vez terrible y hermosa. Comienza a ver que las mujeres a las que ha amado no son memorias sino presencias. Al hacer el amor con ellas las ha hecho vivir en su corazón para siempre. Comienza a darse cuenta de que todos esos amores –el pasajero de una noche y las más profundas pasiones- eran pequeños matrimonios, uniones eternas que reclaman unos derechos que no pueden ser negados.
Sabe que ese es el precio del amor que dio. Su amor ya no es puro. El recuerdo de cada amante comparte su lecho y lo compartirá durante toda su vida. Por tanto, debes ser cuidadoso con tu amor. No lo des al azar. Corre los riesgos que debas correr para encontrar el amor que debes encontrar; pero recuerda que cada amor es un matrimonio y cada uno formará parte de ti mismo para siempre. Cada uno disminuye, aunque sea muy poco, tu capacidad de entregarte por completo a otro amor, porque cada uno llena un pequeño espacio en tu corazón que no podrá ser ocupado por otro amor.
Escoge con cuidado y ternura. El tacto tiene memoria propia.

domingo, 23 de marzo de 2008

Algunas noches funestas, y fúnebres.

Noches para volver las miradas a los pasados,
y tú ya no sabes de rosas, ni de vinos,
ni de perfumes, ni de fotos de Paris,
ya no quieres más que huir, y gritar,
y tirarte en aquellos brazos oxidados
y dormirte en llanto y dolor,
dejarme olvidado bajo la cama, o sobre un colchón.
Odias, y maldices la suerte,
mis ojos, mis sonrisas,
y solo quieres escapar,
y envenenar el agua, y la luz,
las raíces de este amor inevitable, de garabato.

Noches para emborracharse
tragos de lagrimas rojas,
y la neblina que cubre las calles vacías,
los faroles que parecen esperarnos en cada esquina,
y tu, corres por las avenidas
corre la sangre, el alma,
buscas alguna nueva mirada,
alguna nueva salida,
laberintos oscuros y fríos,
la maldición de los malditos días.

Noches de olvido,
quemando cartas, y fotografías,
dejando en los rincones de los bares la vida,
y afuera tu solo quieres encontrar
silencios que te logren ayudar,
almas caritativas, luces encendidas,
y algú que otro abrazo
que te recuerde que aun estas viva ,
bajo noches perpetuas, bajo noches vacías,
noches que dan impresiones suicidas,
soledades abiertas,
amores que duermen con tu cobardía.




Nunca este poema dejará de sorprenderme, queda cerca de mi almohada, duerme en mi mesilla más de una semana.

Walking Around
Sucede que me canso de ser hombre.
Sucede que entro en las sastrerías y en los cines
marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro
Navegando en un agua de origen y ceniza.

El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos.
Sólo quiero un descanso de piedras o de lana,
sólo quiero no ver establecimientos ni jardines,
ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores.

Sucede que me canso de mis pies y mis uñas
y mi pelo y mi sombra.
Sucede que me canso de ser hombre.

Sin embargo sería delicioso
asustar a un notario con un lirio cortado
o dar muerte a una monja con un golpe de oreja.
Sería bello
ir por las calles con un cuchillo verde
y dando gritos hasta morir de frío

No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas,
vacilante, extendido, tiritando de sueño,
hacia abajo, en las tapias mojadas de la tierra,
absorbiendo y pensando, comiendo cada día.

No quiero para mí tantas desgracias.
No quiero continuar de raíz y de tumba,
de subterráneo solo, de bodega con muertos
ateridos, muriéndome de pena.

Por eso el día lunes arde como el petróleo
cuando me ve llegar con mi cara de cárcel,
y aúlla en su transcurso como una rueda herida,
y da pasos de sangre caliente hacia la noche.

Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas húmedas,
a hospitales donde los huesos salen por la ventana,
a ciertas zapaterías con olor a vinagre,
a calles espantosas como grietas.

Hay pájaros de color de azufre y horribles intestinos
colgando de las puertas de las casas que odio,
hay dentaduras olvidadas en una cafetera,
hay espejos
que debieran haber llorado de vergüenza y espanto,
hay paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos.
Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos,
con furia, con olvido,
paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia,
y patios donde hay ropas colgadas de un alambre:
calzoncillos, toallas y camisas que lloran
lentas lágrimas sucias.

Pablo Neruda

martes, 11 de marzo de 2008

Nos guía


La luna se puede tomar a cucharadas
o como una cápsula cada dos horas.
Es buena como hipnótico y sedante
y también alivia
a los que se han intoxicado de filosofía.
Un pedazo de luna en el bolsillo
es mejor amuleto que la pata de conejo:
sirve para encontrar a quien se ama,
para ser rico sin que lo sepa nadie
y para alejar a los médicos y las clínicas.
Se puede dar de postre a los niños
cuando no se han dormido,
y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos
ayudan a bien morir.

Pon una hoja tierna de la luna
debajo de tu almohada
y mirarás lo que quieras ver.
Lleva siempre un frasquito del aire de la luna
para cuando te ahogues,
y dale la llave de la luna
a los presos y a los desencantados.
Para los condenados a muerte
y para los condenados a vida
no hay mejor estimulante que la luna
en dosis precisas y controladas.


J. Sabine
Hoy más que nunca.



Ánimo compañeros, seguiremos luchando...

lunes, 3 de marzo de 2008

Una delicia: El enamorado de la Osa Mayor, de Sergiusz Piasecki ti


El misterio que se ha ido tejiendo alrededor de Sergiusz Piasecki tiene, como toda leyenda, algo de falso, pero quizá sirva para rescatar a este autor de algo más injusto: el olvido. Esa vida fue, para decirlo módicamente, singular. Piasecki nació, según algunas versiones, en 1899, y según otras en 1901 en Lachowicze, Lituania, por entonces partedel sector noroccidental del imperio ruso (hoy en Belarús). Su madre era belaruso y su padre, polaco. Rápidamente, regresó a su tierra natal y se enroló en la división lituano-belarusa del ejército polaco, en lucha contra el incipiente poder soviético. Sus reseñas biográficas aportan datos contradictorios sobre su militancia. Algunas dicen que desde 1922 hasta alrededor de 1926 Piasecki cambió de bando y comenzó a trabajar para los servicios de inteligencia comunista y otras lo niegan -lo que demuestra, en cualquier caso, que era un buen agente secreto-, pero todas coinciden en que sus aportes no fueron suficientes para atemperar su tendencia natural al bandidaje y al crimen, vocación que le valió ser condenado a muerte. La historia del arte le debe mucho a la casualidad: gracias a la infidencia de los carceleros, los manuscritos de Piasecki llegaron a manos del novelista polaco Melchor Wankowicz, quien, entusiasmado, ayudó a publicar el libro en 1937. El éxito fue tan grande que los admiradores de Piasecki se organizaron para reclamar que fuera puesto en libertad. En la nueva edición en español de El enamorado de la Osa Mayor , la primera vertida directamente del polaco, se dice que desde la liberación se perdió toda pista del autor y que es probable que en 1946 se haya trasladado a Inglaterra, donde quizás haya muerto en 1964. Pero no hay razón para poner en condicional esos datos. No solo quedan testimonios fotográficos de Piasecki en Londres, sino que allí vieron la luz otros libros suyos como Memorias de un oficial del Ejército Rojo y Nadie se salva . Esa distancia y ese enorme olvido le dan a la presentación actual el sabor del descubrimiento. Aunque El enamorado de la Osa Mayor aparece descripta como una "novela pura de acción", es mucho más que eso. Ciertamente, Piasecki no pierde tiempo en descripciones y pinta con trazos fuertes los bosques, lagos, alambradas, valles y ciénagas que dan marco a las decenas de expediciones de contrabando en las que el protagonista, Wladek, solo o con sus compinches, lleva y trae todo tipo de mercaderías a través de la línea divisoria, desafiando a los delatores y a la muerte siempre al acecho, entre la noche y la neblina, desde la boca de los fusiles de los gendarmes. El vigor de Piasecki no excluye la poesía, como se ve en este párrafo que sintetiza el clima de la obra: "Vivíamos como reyes. Bebíamos vodka a chorros. Nos amaban muchachas hermosas. No reparábamos en gastos. Pagábamos con oro, plata y dólares. Lo pagábamos todo: el vodka y la música. El amor lo pagábamos con amor, y el odio con odio". Wladek se siente morir cuando el paréntesis entre una excursión y otra es demasiado largo. Perdido en el camino de regreso, solo puede confiar en el revólver que ha cargado muchas veces, y en las estrellas, sobre todo en las que dibujan la constelación de la Osa, que le indican adónde debe dirigirse y a las que nombra como a novias: Eva, Irene, Sofía, María, Helena, Lidia y Leonia. Los amigos desertan, son capturados, mueren. Las amantes de la vida real son reconfortantes, pero efímeras. A Fela, el amor imposible, es necesario contemplarla en secreto. Ciertas coincidencias hacen que sea fácil asociar a Piasecki con un antecesor ilustre: Joseph Conrad. Como Piasecki, Conrad también arrastra la categoría de autor polaco, pese a haber nacido en Berdyczow, Ucrania; como él, vivió en la realidad muchas de las tramas de sus propias novelas, y, como él, también se estableció en Inglaterra. En ambos se respira un aire de acción y libertad que, en el caso de Piasecki, llega todavía más lejos. En la frontera que permanentementeviola el narrador en primera persona de El enamorado de la Osa Mayor se intuye un símbolo. El bien y el mal le son ajenos. Y vuelve a su templo natural, solo, en lucha contra todos. Desafía a los soldados y despluma a sus propios colegas. Muchas actúa sin medida. Otras veces es demasiado frío e indiferente. Y sin embargo hay algo de fascinante en estas páginas. Hay, además, entretenimiento asegurado, pues los episodios de aventuras se suceden sin pausa. Una advertencia sobre la traducción: es preciso pasar sobre una gran cantidad de palabras del slang patibulario español, desconocidas o inusuales para el público argentino y bien distintas del lunfardo autóctono, que le caería como anillo al dedo a El enamorado de la Osa Mayor . Expresiones y giros a veces difíciles de descifrar dejan de fastidiar apenas uno queda atrapado, irremediablemente, por lo que palpita en la novela.

miércoles, 13 de febrero de 2008

Improvisación












En los estanques del alba,
cisnes de luces, sobre tu cuello,
improvisan la mañana
y en el agua de tus labios
se reflejan los nenúfares
como lágrimas.
Hay una danza de peces,
jugueteando en tu cintura,
mientras el crepúsculo busca
refugio en tu piel de escarcha.

El mar vomita sobre la arena
su náusea de espuma,
mientras que con mis manos
toco su piel húmeda.
Y palpo sangre cabrilleando
impetuosa contra mi pecho
que se abre como herida de agua:
expulsando con energía
todo el enfebrecido deseo,
retenido a través de siglos
de interminable silencio.
Y ahoga al mar con ansia
de incontenible grito.



jueves, 31 de enero de 2008

Ahora que me lees..











Once presagios,once desatinos,
tu boca en mis labiostu cuerpo en el mio.
Once verdades,once caricias,
tu pelo en mi ombligo,tu alma sin olvido.
Once despertares,once amaneceres,
deseo y ternura,verdad y cordura.
Once desenfrenos,once silencios,
murmullos que al viento
inundan la voz del desierto.

lunes, 28 de enero de 2008

Un, dos, tres..


Durante ese minuto, en las peluquerías se desrizaron rizos de mujeres a las que ya no mira ningún hombre, se empañaron cristales de habitaciones compartidas, una bicicleta se saltó un semáforo y un niño colgó su balón en el balcón de aquel señor que nunca sale y vive asomado a la ventana y no recuerda el nombre de sus hijos. Durante ese minuto una adolescente suspiraba por su vecino, mientras él agitaba entre sus piernas el cabello de una cajera del Ikea. Un hombre aterrizaba en un aeropuerto donde nadie le esperaba, los mercados coleccionaban tandas y escamas de pescado por el suelo, se removía un café con unos ojos clavados, lágrimas de Soberano, y una cerradura cambiaba de llave y un buzón recuperaba su apellido de soltero. Durante ese minuto se marcaron goles, se arañaron encías con la corteza del pan de un bocadillo, se descontracturaba un corazón anémico de credos y de huídas. Durante ese minuto a la estatua del jardín botánico le crecieron alas en los brazos y patines en línea en los pies, se escapó de la custodia de setos y estertores, se lanzó calle abajo en busca de un puñado de agua con sal donde apagar sus llamas. El metro llegó puntual a la estación, llovió un poco en Calafell y las tumbonas de una playa aceptaban su condena de encierro en un garaje. Y durante ese minuto en mis manos se clavaron alfileres, tecla a tecla, pajar de canas en mi barba de tres días.


Durante ese minuto, una teta se liberaba de la custodia de un sostén, caricias de portal y despedida, mientras unos ojos entreabiertos delimitaban el contorno de otro cuerpo. Una sirena naranja-urgente anunciaba charcos y serrines y cucharas y containeres, unidad de guardia de noche a destiempo, madre desmayada, padre aliviado. Durante ese minuto, una esposa escondió la tarjeta del último ramo de flores, horas extras en la fábrica y en las ganas de olvidarte y una dorada en el horno, que hoy cumplo los cuarenta. Un taxi recogió en el hotel un maletín untado en mermelada, desayuno continental con vistas a una isla, me cago en la hora menos y en el Teide, despecho de mujer, remordimientos. Durante ese minuto un gato murió atropellado, se pintó una zona azul en sus caderas, crecieron gramíneas entre mis dedos y un camello se olvidó de cortar esa dosis, ajuste de cuentas a cambio de un reloj bañado en oro. En la cola del cine, una pareja se dejaba devorar por el silencio, palomitas como excusa, mesa guardada en el restaurante de las buenas vistas, más silencio. Durante ese minuto una piel se recontaba las estrías, pasados mejores, mientras un kleenex se manchaba en un peep show, si estuvieras aquí me ahorraría treinta euros, y además te querría. Una orquesta ensayaba en un sótano, se depilaban ingles y recuerdos, y un monedero de piel de H&M cambiaba de dueño contra la ventana de un autobús 56, vaho en los cristales, su nombre escrito con la punta de los dedos. Y durante ese minuto en mis retinas se vertían unas fotos, me duele tanto porque sigo vivo, y si no vienes tú voy yo a buscarte.


Durante ese minuto, un desconchón en la pared arrojaba el silencio sobre la cama, remera olvidada en el cajón, billete de vuelta. Un vaivén de vientres empañaba la ventana medio abierta de un Skoda, cobijo bajo un árbol detrás del castillo, mataratas en la lengua. Durante ese minuto, la espalda de una camiseta se empapaba de hierba, osa mayor en las retinas, mientras el sueño perdía el norte en un motel a las afueras, ¿dónde demonios estarán las pastillas?. Durante ese minuto, la taquillera del Circo Raluy se dejaba magrear por el trapecista, amor sin red y cuerda floja, te juro que es la primera vez que me pasa, acento italiano. Una acera recibía el impacto de un motorista sin casco, tirón de bolso, 1'2 de tasa en sangre, mientras el respaldo de un banco de la rambla se calmaba los nervios con litronas, palmas por La Chunga, sábado en las venas. Durante ese minuto se quemaron unas fotos, hoguera de piel y nombres falsos, camino de sudor arrepentido. En el reservado de un restaurante, un anillo invitaba al adulterio a una mujer con sobredosis de hiel en los labios, fútbol en la tele, noche en blanco si me prometes un beso de buenos días después de correrte. Durante ese minuto se deshizo un flan entre sus dientes, nata y sirope cura-desengaños, los reyes son los padres, tienes 12 y ya va siendo hora, mientras el minutero del reloj del campanario olvidaba que se puede volar con un paraguas abierto. Y durante ese minuto, en las palmas de mis pies crecieron dólmenes, margarita deshojada, movistar enmudecido, luces fuera.

domingo, 27 de enero de 2008

A la cama


La vela cohibida de versos,o mejor, prostituida en prosa,la magia repleta de esquinas, la paz sedienta de lunas,y la tristeza cargada de vértigo.Madrid vuelve a la cama, terca, grosera, desnuda,
pidiendo besos a cualquier vagabundo preso de la Gran Vía. Fumo en la ventana, veo tu silueta sobre el arrecife.

sábado, 26 de enero de 2008

Volverían a culparse

El día que se vieron por primera vez, él estaba sentado en la terraza del bar donde tomaba su copa cada tarde, a las seis. Ella nunca tomaba ese camino para volver a casa paseando al salir del trabajo, pero aquella tarde cambió la ruta de sus pasos para comprar un libro que le había encargado su amiga en la librería del final de la calle. Al verla pasar él pensó ver un ángel, tan alta, tan rubia, tan blanca, con ese vestido azul de gasa que acariciaba cada curva de su figura. La vió pasar y por primera vez en muchos años se dió cuenta de la luz que había en la calle. Se le paró el pulso y creía no respirar, siempre que recordaba aquel día le ocurría lo mismo. La miró, no podía dejar de observar la calidez de su rostro. Y ella, quizás por instinto, quizás porque así estaba escrito que fuera, giró la cabeza para mirar hacia esa terraza en la que él la observaba como quién avista por primera vez alguna de las siete maravillas, y notó como el rubor subía a sus mejillas, volvió de nuevo la cabeza rápidamente para dejar de mirarlo y para sentir como él seguía haciéndolo, hasta verla entrar en la librería.
Dio varias vueltas entre los libros mientras pensaba en esa mirada, en el hombre de la terraza, pensó en lo absurda que se veía pensando en él y decidió salir sin volver a mirar a
aquel extraño. Compró su encargo, se dispuso a salir y le miró, quizá eso también estaba escrito porque se había propuesto no hacerlo, pero le miró.
Y se sorprendió al encontrar de nuevo su mirada, sintió de nuevo ese rubor y no puedo más que volver rápidamente la esquina que la llevaba a su casa.
Esa noche él no durmió. Revivió cada uno de los pasos de ella, el movimiento de su pelo al volver la cabeza, ese rojo en sus mejillas al sentir de él en la otra acera. Dio música al contoneo de sus caderas al andar e imagino mil veces el tono de su voz. Y se maldijo otras mil veces por no ser capaz de levantarse, por sólo mirarla y no ser el hombre valiente que siempre quiso. Se atormentó cada minuto de aquella larga noche pensando en que ya no volvería a verla, llevaba años sentándose a la misma hora en el bar y era la primera vez que, aquel ángel, como él la veía, pasaba por allí.
La noche para ella se presentó igual de interminable. Cada vez se sentía mas estúpida pensado en aquel hombre. Era sólo alguien que la había mirado, una mirada sin más, sin importancia, seguro que la habían mirado así otras muchas veces. Pero sabía que no era así, nunca una mirada en una calle cualquiera, ahora su calle, le había dado un vuelco en el estómago, nunca antes había dejado de dormir por un extraño, ahora su extraño. Y ella, al igual que él, se atormentó por saberle perdido y por sentirse cobarde, por no cruzar la calle y por no verle nunca más. Al día siguiente él, puntual como siempre, a las seis estaba en su terraza tomando su copa. Aunque ya nada era como siempre, ahora esperaba con ansias verla de nuevo entrar en la calle iluminando cada hueco, cada resquicio. Y a pesar de que durante todo el día ella se había prometido no volver a pasar por esa calle, había decidido que todo era un absurdo y que volvería a su camino de siempre, sin saber como se descubrió de nuevo avanzando por el mismo camino del día anterior. Al verla
pasar él llego a dudar de que fuera cierto, la había imaginado tanta veces durante los últimos diez minutos que llevaba sentado en la terraza, que ahora no lograba saber si era cierta la presencia de su ángel. La miró de la misma forma que el día anterior, y ella justo en el mismo punto giró nuevamente la cabeza para devolverle la mirada, para demostrarse a si misma que no era una tonta, o quizás para demostrarse que si lo era, el caso es que le miró y de nuevo la calle quedó vacía para ellos. Caminó hasta la librería y entró, no podía creer que estuviera haciendo aquello, había entrado sólo para tener la oportunidad de volver a verle al salir, y así lo hizo, repitiendo cada uno de los pasos que había marcado aquella tarde, volviendo a cruzar esa esquina que la llevaba de vuelta a su casa. De nuevo habían vuelto a ser unos cobardes, ella había vuelto a no cruzar la calle hacía la terraza y él de nuevo había dejado de ser el valiente que siempre había soñado.
Y la noche se les hizo a ambos tan larga como la anterior. Volvían a culparse, volvían a soñarse, ella se prometía no volver a pasar más por su calle, y él se juraba una vez más que no dejaría que aquella rubia se quedara en poco más que una mirada angelical y un tormento para sus noches. Y para asombro de ella, a la salida del trabajo sin saber como, ya dije que quizás estaba escrito que así fuera, volvió a repetir ese camino que la atraía sin remedio a la misma calle y a los mismos ojos. Y allí estaba esa mirada esperándola de nuevo, la misma mirada cobarde que la dejó pasar de nuevo hacía la librería, que la dejó de nuevo entrar en ella y que de nuevo la dejó volver a cr
uzar la esquina de vuelta a su casa sin sacar las fuerzas necesarias para acercarse hasta ella y decirle que llevaba dos noches sin dormir pensando en la suavidad de su piel, en el tono de su voz, en ser el dueño del movimiento de sus rizos... de nuevo él la de dejo marchar. Pero sorprendentemente, todas las historias de amor tiene su sorpresa, a pesar de ver de nuevo como él se limitaba a dejarla pasar dedicándole no más que sus miradas, ella decidió en aquel mismo instante que pasaría cada día frente a él, que conseguiría que su extraño venciera sus miedos y cruzará la carretera que separaba sus aceras, ese pequeño espacio negro que separaba sus vidas. Y así fue como día tras días, como tarde tras tarde a las seis repetían la misma escena. Jamás ninguno de los dos faltó a su cita, siempre puntuales, siempre a la espera de su momento.
Poco a poco y quizás de manera inconsciente ella dejó de planear nada que pudiera entorpecer su paseo de las seis de la tarde por su calle. Se levantaba esperando ese momento del día, se arreglaba sólo para los ojos de su extraño, se peinaba sus rizos solo para él, y cuando compraba alguna prenda nueva no tardaba en estrenarla para saber si era del gusto de su extraño, había aprendido a ver en su mirada la palabras que nunca se decían, y así sin hablar él le contaba lo bella que la veía, lo bonita que lucía con su prenda nueva, cuanto podía llegar a brillar en cada uno de sus paseos.
Y así se fueron me
tiendo uno en la vida del otro. Cada noche él la soñaba entre sus brazos vibrando al hacerle el amor, la imaginaba paseando desnuda por su habitación buscando el último libro que había comprado en aquella librería del final de la calle... cuántas veces se vio tumbado en su vientre mientras ella perdía los dedos en su pelo. Y ella lo hizo tan suyo que cada noche lo invitaba a su cama, no hubo noche en la que el no durmiera abrazado a aquella rubia, aquella que supo hacer real la sensación de sentirle respirar tras de ella mientras la abrazaba al dormir. Ninguno de los dos pedía más. Ella ya no quería hacerle vencer sus miedos, ya no quería que cruzará la calle; y él ya no se sentía un cobarde porque la sabía suya de alguna manera, de aquella manera en la que sólo ellos dos sabían amarse.
Quizá, como dijo alguien alguna vez, el virus del miedo se apoderó de ellos y por miedo a que aquello pudiera romperse, por miedo a que la realidad no llegará a la altura de aquellos sueños creados por dos extraños que juegan a mirarse, nunca cruzaron aquella calle que los separaba, nunca se hablaron, jamás se tocaron. Y quizás no necesitaron más.
Ella se casó, tuvo dos hijos y un marido maravilloso al que jamás amo como a su extraño.
Él siguió los mismo pasos, se casó con la hermana de su mejor amigo, aquella pequeña que siempre lo adoró y que lo amó desde que tuvo uso de razón. La hizo feliz, le dio tres hijos, pero no la amo. Y a las seis en punto de cada tarde encontraban la vacuna de sus males, la mirada que los salvaba del naufragio. A las seis en punto de cada uno de los días de sus vidas seguía repitiéndose el mismo esce
nario, en el que ellos actores de su historia se encontraban para mirarse y contarse como había ido el día. Y fue aquella, la tarde de su muerte, la única en la que ella faltó a su cita. Y él no lloró, ni una sola lágrima dejo caer, fue una sonrisa la que adorno su rostro. Fue aquella tarde en la que decidió vencer el virus del miedo. Fue aquella tarde en la que decidió que se iba con ella, con su ángel, con su rubia. Fue aquella tarde en la que decidió que era el momento de pasar toda una eternidad a su lado. Dicen que los días de mucho sol, los días en los que toda la calle queda iluminada, hay quien ha visto a una rubia de cabellos alborotados y de vestido azul paseando de la mano de un joven moreno. Quien sabe si decidieron pasar toda la eternidad en su calle, a mi siempre me ha gustado pensar que son ellos.

No hay historia capaz de soltar la risa que llevamos dentro. Salud Guerrillera, en esto días de vino y rosas.

viernes, 25 de enero de 2008

Tiempo de espera


Manos efímeras aprietan
el más sutil de los encuentros.
Rostros nublados, casi opacos
entrecruzan las vidas ajenas.
¿Qué porvenir nos espera?.

Lazos al viento
queriendo ser trenzados,
banderas, escudos, panfletos,
bombardeando el bosque।
¿No se respira mejor en el tacto?

domingo, 20 de enero de 2008

Aquel...














sábado, 19 de enero de 2008

El abrazo de las farolas


Andaba saboreando una onza de chocolate, de ese negro que tanto nos gusta, el que compartimos frente a una chimenea encendida. Y mientras se fundía en mi boca, no he podido evitarlo: su sabor, su aroma me han transportado a aquel pueblo situado a espaldas del gran pico nevado, a esos días de febrero repletos de intimidad, niebla densa y música, perdidos del mundo en una casita en mitad de la sierra, con bosques de pinos y el mar al fondo. Y aspiro… y parece que te estoy oliendo a ti, que vuelvo a estremecerme con tu cálido abrazo, con la ternura de tus caricias al anochecer. Cierro los ojos, y en mi recuerdo sigues en la penumbra de aquel salón, con jazz de fondo, azuzando la lumbre para que no se apague, alimentando mi deseo para que no se extinga (como si éste pudiera quedar reducido a cenizas alguna vez..) Y en estos momentos no se me ocurre más que compararte con un cremoso café, con una tardía mañana de domingo entre las sábanas; eres como este chocolate, dulce, aromático, intenso, penetrante.., con esa pizquita de amargo que despierta mis ganas de ti.

Las baladas de Coltrane me hacen rescatar tus ojos de la maltrecha gaveta de mi memoria, su color encendido de arcilla mojada. Y nos vuelvo a ver, frente a frente, parados en la calle en mitad de una noche lluviosa, mirándonos intensamente y en silencio durante ese minuto en que mi pulso dejó de ser. Si te hubiera besado hubiese sido memorable, lo sé, pero no quería interrumpir la conversación silenciosa en la que me regalaste el Universo con tu mirada. Tú, yo y una lluvia fina que hacía resplandecer en los charcos el reflejo de las farolas. ¿Podía pedir algo más? Creo que no. Me hubiera quedado toda la vida allí, mirándote, si no fuera porque una voz nos sacó de aquel instante mágico en el que todo nuestro alrededor se esfumó. Porque no existía nada más que tus ojos, plagados de interrogantes, mirándome de aquella manera. Y tú, que sigues creyendo que no tienes nada que poder ofrecerme..

Creo que ya me cansé de jugar a no quererte.