jueves, 3 de abril de 2008

De fantasmas, tacto y memoria



Hay una historia que muchos hombres conocen pero pocos se atreven a contar. Es la historia de los espectros de las amantes pasadas y de cómo habitan en tu corazón.

La historia comienza en la adolescencia, cuando el muchacho lleva en sí la fantasía de la amante perfecta. Está rodeada de un halo de misterio y de belleza; no es, de ninguna manera, una mujer real con las esperanzas, los temores y las preocupaciones de la vida diaria. De hecho, no tiene casi características. Es una evocación, un sueño, un perfume para el espíritu.
Esa mujer vive en algún lugar profundo de su fantasía hasta que un día cree que la encontró: la mujer de sus sueños. Ella es todo lo que siempre había querido. La persigue, ella le corresponde, se siente vivo como nunca lo había estado antes. A toda hora sueña despierto con ella. Cada momento lejos de ella es una agonía. Cuando está con ella la mira a los ojos y quiere llorar de alegría pro la increíble buena suerte que ha traído a su vida semejante belleza. Quiere tocarla. Y, finalmente la toca. Su cuerpo le duele por ella. Quiere entregársele, quiere poseerla, conocerla, amarla. Ambos luchan con la decisión, gastan largas noches en angustiosas decisiones y torpes tentativas. Finalmente hacen el amor.
Se pierden en sí mismos durante horas, durante días. Están a la deriva en un mar de pura y alocada pasión. Lentamente, esa pasión se enfría. Comienzan a pasar juntos sus horas ordinarias. Ella comienza a ser más una persona y menos un sueño. Ella tiene necesidades. Ella se encoleriza y tiene sus hábitos. Él la irrita. Ella lo irrita a él. El apetito sexual de ambos se desquilibra. Él siente la mente a la deriva o tiene la impresión de que ella se repliega en sí misma y ya no lo quiere, aún cuando aparenta que su cuerpo y el de él son uno.
Con el rabillo del ojo, él comienza a mirar a otras mujeres. Le parecen más atractivas. Sus risas son más musicales. Están más cerca de sus sueños. La mujer que alguna vez le pareció que llenaba su vida, le parece vacía y ordinaria y sus defectos, insoportables. Está cansado.
Pronto sólo les queda hacer el amor. Su pasión está vacía. Están presentes en el cuerpo, pero ausentes en el espíritu. Hay lágrimas y peleas, y largas despedidas. Hay promesas de que “tal vez algún día” y amables reclamos de “si tiene que suceder, sucederá”. Luego se separan. Tienen el corazón herido, y están furiosos. La tristeza asfixia al que fue abandonado. La culpa, la ira y el odio a sí mismo pueden rondar a quien abandonó a su pareja.
El tiempo pasa. Las heridas se curan. Aparece otra mujer. La danza comienza de nuevo.
Pronto están en brazos uno del otro. Es al mismo tiempo más duro y más fácil esta vez. Él la mira a los ojos. Es hermosa. Pero allá en el fondo, donde sólo el corazón puede ver, hay otra imagen. La de la mujer que amó primero, la mujer que apareció antes. Él se pierde en la pasión. Ambos se unen en la forma mágica que es el regalo de hacer el amor. Pero la otra imagen no desaparece. Es como un eco fantasmal.
Ella está aquí: el espectro de la amante anterior.

La danza continúa. Mujer tras mujer, tras mujer, cada una diferente, cada una como una nueva primavera. Él encuentra partes de sí mismo que nunca supo que existieran. Siente el amor en formas que jamás imaginaron su corazón y su cuerpo.
Pero cada vez oye los ecos. No importa cuánto se entregue, no importa cuán fuerte sea su amor, su lecho está lleno de los espectros de las antiguas amantes. Y con cada mujer hay más espectros.
Él no puede decirlo, ni siquiera decírselo a sí mismo, pero su corazón ya no es el que era antes. Las heridas se han convertido en cicatrices, y las alegrías de las pasiones anteriores han echado raíces en oscuros rincones de su memoria. Su amor, no importa cuán puro sea, está lleno de ecos.
Comienza a entender una verdad, a la vez terrible y hermosa. Comienza a ver que las mujeres a las que ha amado no son memorias sino presencias. Al hacer el amor con ellas las ha hecho vivir en su corazón para siempre. Comienza a darse cuenta de que todos esos amores –el pasajero de una noche y las más profundas pasiones- eran pequeños matrimonios, uniones eternas que reclaman unos derechos que no pueden ser negados.
Sabe que ese es el precio del amor que dio. Su amor ya no es puro. El recuerdo de cada amante comparte su lecho y lo compartirá durante toda su vida. Por tanto, debes ser cuidadoso con tu amor. No lo des al azar. Corre los riesgos que debas correr para encontrar el amor que debes encontrar; pero recuerda que cada amor es un matrimonio y cada uno formará parte de ti mismo para siempre. Cada uno disminuye, aunque sea muy poco, tu capacidad de entregarte por completo a otro amor, porque cada uno llena un pequeño espacio en tu corazón que no podrá ser ocupado por otro amor.
Escoge con cuidado y ternura. El tacto tiene memoria propia.

3 comentarios:

Francisco dijo...

Si señor...verdad, ya sabes que todos llevamos dentro varias Ruby Tuesday.

Siempre aparecen.

Cuidate.


PAk

Anónimo dijo...

Hola Antonio!!!
que tal? estas palabras son muy ciertas y muy lindas, siempre pienso que me gustaria tener este conocimiento hace unos años atras...igual creo que todo lo vivido nos ayuda en la vida.
espero q tengas un muy buen viaje!
saludos de una amiga argentina
Paula

Anónimo dijo...

Oye Antonio, esta historia, tu historia se repite no solo en muchos hombres, tambien en mujeres que como yo, llevan en el corazon y en las huellas de la memoria y del cuerpo, momentos inmensos con cada amante del pasado.
Hoy pido que esos hombres me lleven tambien dentro de si...Y que en momentos del recuerdo pueda arrancarles una sonrisa, un estremecimiento o las ganas de volver por un instante a tenerme.