
El poeta rezaba sin causa, perdido, hendido en las rendijas de su propia amargura. La inspiración al igual que la locura "nunca tuvo maestro" y es por esto que la necesidad creativa del intrépido ronda de norte a sur su mismo cortex,ensimismada, ávida para tomar la realidad. El reconocimiento, o la palmadita en el pecho es el pan de cada día; la crítica o la mera envidia, tejen la bandera que pocos, no ya tan intrépidos, se atreven a consumir. Siempre de una manera caprichosa, rozando lo mezquino.
El poeta se cansa, ya no resuda en el evangelio y busca su próxima víctima, una nueva Lolita o cualquier hoja perdida de Madrid. Afila su vista de lince en peligro de extinción para montar su nueva historia. Sin vistas al futuro pero con la pluma sumergida en el presente, voluptuosa, en guardia en esta cementerio-de-sueños-ciudad.
Se asoma el quinto Sol en la Dehesa de la Villa una hora antes, perfilando nuevos horizontes para la mal llamada América, pidiendo a gritos ese cambio que tanto necesita.